Diedrich Knickerbocker

En octubre de 1809 en Nueva York, de repente empezaron a aparecer en todos los diarios de la ciudad avisos de personas buscando a un hombre.

Se llamaba Diedrich Knickerbocker. Según decían, era un historiador holandés. Un hombre grande que se había ido de la pensión donde vivía sin pagar la cuenta y sin dejar ningún rastro.

El dueño de la pensión publicaba avisos desesperado pidiendo información. Es más, según dicen, amenazó con vender unos manuscritos que el viejo había dejado en la pension, para cubrir la deuda. Los avisos se repitieron día tras día y pónganse en los zapatos de 1809, los avisos en el diario eran TODO.

Los neoyorquinos tomaron este hecho como una noticia relevante. La gente preguntaba por Knickerbocker en los cafés, circulaban fake news donde algunos decían haberlo visto.

Pero saben qué? Diedrich Knickerbocker no existía.

Todo era una campaña armada por Washington Irving, un escritor de 26 años que quería publicar una novela histórica sobre los primeros colonos holandeses de Nueva York, y necesitaba que la gente se familiarizara con el nombre de Knickerbocker antes de que el libro saliera. Es decir, inventó al protagonista como alguien real antes de inventar el contenido.

Hizo que la ciudad buscara a un personaje de ficción como si fuera un vecino prófugo. Cuando el libro salió, ya tenía instalado algo que ningún editor hubiera podido hacer, crear la sensación de que esa historia, era de algún modo cierta o un mito o una leyenda urbana. Hizo que a todos, la historia de Knickerbocker “les sonara”.

El libro fue un éxito total. Y el nombre “Knickerbocker” se convirtió en sinónimo de neoyorquino antiguo, de linaje, de algo profundamente local.

Le pusieron Knickerbocker a un hotel. A una cerveza. A una revista. Es más, leí también que le decían así a un pantalón corto ajustado abajo de la rodilla, que durante mucho tiempo fue la “ropa deportiva” para jugar al golf.

Pero este weekly viene a cuento de otra cosa.

En 1946, cuando se fundó en NY una franquicia de básquet, alguien tuvo que ponerle nombre.

Y cómo le pusieron? No querían crear algo nuevo. Querían algo que fuera profundamente local y aquel personaje holandés ya era sinónimo de la ciudad.

Bienvenidos los New York “Knicks”.

El primer logo del equipo fue exactamente eso, un holandés colonial con una pelota de básquet y zapatos con hebilla. El azul y naranja de su camiseta vienen directo de la bandera de Holanda, que se flameaba sobre Manhattan cuando la ciudad todavía se llamaba “New Amsterdam”.

Bueno, el fin de semana pasado después de 53 años, los Knicks salieron campeones de la NBA.

“Let’s go Knicks”, veinte mil personas en el Madison Square Garden gritando el nombre de un equipo que en realidad es el nombre de un personaje que nunca existió, inventado por un escritor para vender más copias de un libro que aún no había escrito.

Diedrich Knickerbocker nunca pagó la cuenta de la pensión pero 217 años después, sigue cobrando.

Cosas de la vida.