Pero con el tiempo, Blockbuster pasó de ser un planazo de fin de semana a un caso de estudio. Su caída es una de las historias más comentadas en el mundo del branding. En el 2000, Netflix le ofreció una alianza, pero Blockbuster la rechazó. “Negocio chico”, dijeron.
Confundieron modelo con propósito. Blockbuster pensó que su negocio era “alquilar películas”, cuando en realidad era ofrecer una experiencia compartida alrededor del entretenimiento. No supieron leer que ese ritual que describí antes podía evolucionar sin desaparecer. El problema no fue el “streaming” como concepto, sino que fue no ver el cambio cultural que se venía.
Netflix no mató a Blockbuster. Lo que mató a Blockbuster fue creer que la gente nunca dejaría de disfrutar lo mismo de la misma manera.
Y de a poco todos nos fuimos olvidando de esa “emoción”. Nos olvidamos del olor a alfombra, de la adrenalina del buzón, de los pochoclos para hacer en el microondas que le rogabas a tu mamá mientras hacías la cola. Nos olvidamos de eso como de miles de otras cosas. Cosas que cambian, que evolucionan, que crecen con nosotros.
Cada vez que me acuerdo de eso, confirmo que muchas marcas todavía están en modo Blockbuster. Aferradas a la forma y no al fondo. Defendiendo un proceso cuando lo que deberían defender es la emoción. Elegir, descubrir, compartir. Insisto, Blockbuster no perdió contra Netflix, perdió contra el tiempo que siguió avanzando mientras ellos se quedaron. Y un día la ola los pasó por encima. “Negocio chico”.
Si alguna vez caminaste esos pasillos, esa sensación sigue ahí. A lo mejor la tenías dormida, pero sabes perfecto de qué te hablo. El aire frío, la luz blanca, el sonido de las cajas que hacía el cajero para verificar que estuviera la cinta adentro y esa victoria cuando encontrabas tu película.
Esa nostalgia sirve para mirar adelante. Que lo que a Blockbuster le pasó con Netflix no nos pase a nosotros con la IA. Usémosla a favor.
Si tu día se va en tareas repetitivas (mails, resúmenes, stock, planillas, whatever) y querés seguir haciéndolas a mano, sos Blockbuster en 2002.
Nadie te va a sacar el trabajo. Pero adaptate. Reubicate en la ola. Automatizá lo mecánico y poné tu energía en lo que más vale; tu criterio.