Muchos no toman café, lo usan.
Como una herramienta. Casi como un trámite.
Algo que tomamos sin pensar, solo para cumplir una función: despertarte, activarte y seguir con el día.
Pero en los últimos años, el café dejó de ser solamente café y no te diste cuenta.
Ahora hay puntajes, certificaciones, orígenes, métodos de extracción. Lo que antes era café y punto, hoy es una grieta en el mercado.
Por un lado, sigue existiendo el café de toda la vida: rápido, práctico, barato. Por el otro, el café de especialidad, explotando en las grandes ciudades.
No es el que toman los policías en las películas. Técnicamente, un café solo entra en la categoría “de especialidad” si obtiene más de 80 puntos en una escala de la “Specialty Coffee Association”. Algo que yo no sabía pero que tampoco nadie se esfuerza mucho en explicar.
Hoy en día, a muchos consumidores les interesa saber de dónde viene lo que toman, qué proceso tiene, cómo se llama la finca en la que fue cosechado, etc.
Y claro, con eso llegó el hype. Y con el hype, el branding. El café de especialidad además de por su sabor, se vende por su historia. Porque hoy, donde podemos elegir entre cien opciones de absolutamente todo, el branding importa más que nunca.
No alcanza únicamente con ser bueno; tiene que ser interesante.
Por eso, el “specialty coffee” dejó de ser solo café y se convirtió en una identidad, en un código.
Las marcas (algunas) lo entendieron rápido. Por eso hay cafeterías con más presupuesto en branding que en café. Packaging de diseño. Colaboraciones con marcas de otras industrias, con artistas, merchandising de todo tipo y la lista sigue.
El mensaje es claro: no compras solamente café, compras una historia.
Y las historias conectan.
Para algunos, una revolución. Para otros, puro cuento.
Sin embargo, hay una realidad y es que el café de especialidad está bueno. Una vez que probas este tipo de café se hace difícil volver al café de la Shell y que no te resulte quemado.
Al final, lo importante no es si tomas café de especialidad o el de la Shell. Lo importante es saber qué te gusta y por qué.
Porque una cosa es tomar lo primero que hay por costumbre, y otra muy distinta es elegir con criterio.
En fin. ¿De qué lado de la grieta estás? ¿Revolución o cuento?