¿El diseño tiene sabor? No.
Pero les voy a contar como lo veo yo.
Comer, o mejor dicho, la ceremonia de “sentarse a comer” es una experiencia multisensorial y el diseño que rodea a la comida en sí (desde cartel que ves afuera de un café, el interiorismo, la vajilla, la presentación del plato, el packaging y hasta las tipografías de un menú) tienen en mí un impacto directo en la percepción de lo que me meto en la boca.
Hagamos un juego.
Supongamos que sos dueño de un restaurant, y que el negocio se divide en 3 grandes módulos.
Calidad de la comida
Ambiente / diseño general
Calidad del servicio
De estos 3 items, hay uno que sí o sí sabes que en tu restaurant va a fallar.
¿Cuál eligirías que falle?
En mi caso, creo que la calidad de la comida es innegociable, es la sustancia que le da sentido a todo.
El ambiente / diseño general, para mi incide directamente en cómo percibo lo que estoy comiendo, le agrega (o quita) valor al producto del punto 1 pero ademas, lo veo como un puente (ahora explico).
Entonces esto me lleva a pensar que si yo tuviera que resignar un módulo, resignaría la calidad del servicio. A fin de cuentas, si como de manera excepcional en un lugar donde el ambiente es ideal, estéticamente armónico, me dan ganas de quedarme y es agradable, no me importa tanto si tardan en atenderme, o si quien me atiende es antipático.
Sé que esto es algo muy personal y absolutamente subjetivo. Tengo muchos amigos a los que le da igual dónde comen o cómo se ve el menú, siempre y cuando los traten bien y el plato que llegue a la mesa sea exquisito.
Creo que no hay una respuesta correcta a este dilema. Sin embargo, el diseño tiene la “ventaja” (arma de doble filo) de entrar en acción con tus sentidos antes de llegar a probar la comida o de experimentar el servicio. El diseño te da primero que nada, una oportunidad.
Para llegar a estar sentado en algún lado, antes debiste navegar un sitio web o ver una foto en Instagram y en función de lo que viste, decidiste si reservar o no.
O supongamos que estás de viaje y la elección del sitio se limita lo que ves al pasar por la puerta: el menú, ves pasar un plato en una bandeja o ves como están vestidas las mesas. Si te gusta, lo elegís. La comida puede ser buena o mala. El servicio también, pero el diseño siempre estuvo primero. Si vemos la foto de arriba por ejemplo, si hubieras navegado en la web del Bar Pachu, o te encontraras con ese menú, cuáles son las chances de que lo eligieras? Prejuicio? Tal vez.
Esto no atenta contra aquellos lugares típicos, tradicionales y antiguos que no tienen ni siquiera la oportunidad de plantearse la idea de “diseño sí o diseño no”, entiendan a lo que voy.
Lo que quiero dejar como conclusión, es que no importa el nivel del lugar en sí (puede ser alta cocina o un take away para comer de pie en la calle) pero el diseño suele ayudar a darte una oportunidad antes que ningún otro elemento. Y creo que esto es transpolable a muchas industrias.
Por más que el diseño no tenga sabor, creo que nuestra cultura gastronómica está muy ligada a como experimentamos y disfrutamos la ceremonia de comer.