Hoy por hoy, hay decisiones que pueden cambiar una experiencia y que se toman con un clic. ¿Dónde voy a comer esta noche? ¿En qué hotel me hospedo el fin de semana? ¿Esa playa hay que verla, no? No hace falta preguntar en la recepción ni perder tiempo buscando vlogs en YouTube. El destino ya está sellado por las estrellas… y no las del cielo, sino las de Google.
¿Las reseñas de Google son el nuevo boca a boca? Hasta hace no mucho, dependías de una recomendación de confianza para elegir el mejor lugar para tomar un café, ahora, es un desconocido con un nombre de usuario anónimo quien decide si tu próximo Matcha Latte va a ser una maravilla o un desastre. Aunque parezca que las estrellas y los comentarios son imparciales, la realidad es que la gente suele reseñar más cuando la experiencia fue como mínimo, mala. Seamos sinceros ¿Cuántas veces te tomaste el tiempo de escribir una reseña positiva, comparado con esas veces que saliste furioso de un lugar? Exacto.
Hay algo bastante curioso (o no) en las reseñas y es que de alguna manera moldean el comportamiento colectivo, pero lo hacen desde una perspectiva distorsionada.
Déjenme explicar: cuando un lugar alcanza el tan deseado mínimo “4.5” o más, se convierte en una posibilidad para los turistas. Un restaurant pasa de estar vacío a tener lista de espera. Uno mal reseñado, en cambio, se transforma en un antro fantasma. Y lo más loco de todo es que esta tendencia genera un efecto en cadena: porque otros viajeros leen las reseñas negativas, se espantan, y evitan esos lugares, evitando la posibilidad de revertir la tendencia. Me acuerdo que hace unos años estábamos en Menorca y decidimos “salir a explorar la isla”. Estábamos en el extremo oeste de la isla, es un punto donde había un naufragio y supuestamente era ideal para bucear por la mañana. Era temprano, así que estábamos solos. Al cabo de un rato, apareció un chico, que se nos acercó y nos preguntó un par de cosas. Al igual que nosotros, estaba allí y sabía del naufragio “gracias a google”.
7 horas después, cruzamos toda la isla para dar un salto en una cala. La diferencia entre un punto de la isla y otro, era de más de 1 hora. Era agosto y había miles de personas en la isla. Adivinen quien salió del agua y trepó por la misma roca por la que estábamos saltando al atardecer? Sí, el mismo chico de la mañana. También se había dejado guiar por “Espectacular cala para darse un baño y ver el atardecer”. Ahí nos dimos cuenta que éramos ovejas.
Con todo esto, las listas de amigos con recomendaciones y joyitas escondidas (esas que ni salen en Google) toman nuevamente un carácter de tesoro invaluable para compartir con pocos. Los datos buenos se comparten, pero se cuidan.
Entonces, para terminar: la próxima vez que vayas a dejar una reseña (buena o mala): hacelo sabiendo que tu experiencia es la semilla de la elección del otro. Escribir una reseña no es solo contar lo que te pasó, es anticipar la ilusión del próximo; responsabilidad.